Por Gladys Pérez Lee.
El colegio no sólo es una planta física conformada por aulas de clase, talleres, laboratorios y patio; es una institución viva y somos las personas quienes lo hacemos. Por eso, todo lo que hacemos tiene repercusión directa en la convivencia y en la imagen que de él tiene la comunidad.
Aquí podemos afirmar que la mayor fortaleza de nuestra institución es el grupo humano conformado por estudiantes, docentes, padres de familia, personal administrativo y de apoyo. Cada uno, desde su posición, aporta “un granito de arena” para que cada día seamos mejores personas y podamos enfrentar la vida con más herramientas.
La anterior afirmación se puede confirmar con la alta demanda de cupos y el bajo nivel de deserción escolar.
Es gratificante observar que un alto porcentaje de estudiantes ingresa desde el preescolar y un buen número de alumnos egresados del plantel han traído a sus hijos, ya sea por razones afectivas o por la formación que recibieron, debido a que lo consideran bueno para sus hijos y recomendable para sus amigos.
La permanencia en la institución promueve el adecuado desarrollo de las diferentes etapas de desarrollo personal, social y afectivo genera identidad y sentido de pertenencia.
Pero ésta no significa solamente asistir diariamente al Colegio. Es necesario participar, involucrarse en las actividades académicas, deportivas, sociales, culturales y recreativas programadas, con la mejor disposición y ánimo para que se conviertan en elementos significativos de nuestra formación y vida.
¡Cuánto aprendemos mutuamente cuando esto sucede! ¡Cuánto nos enriquecemos! ¡Cuánto crecemos como personas!
Sin embargo, no podemos olvidar que en todo grupo social es necesario observar ciertas normas de comportamiento y asumir actitudes que redunden en beneficio del grupo. Cuando esto no sucede, aparecen conflictos que de al no ser resueltos positivamente, resquebrajan la convivencia en la institución y la imagen de ella hacia el exterior.
Esta es una invitación a reafirmar nuestro sentido de pertenencia e identidad con el colegio, a repensar nuestro papel dentro de él. ¿Cómo? Muy sencillo:
• Ser concientes del momento que vivimos y de que el paso por la institución dejará una huella indeleble en nuestras vidas. Aprovechémoslo y hagamos todo lo posible para que en el futuro podamos enorgullecernos de ello.
• Pongamos en práctica el Manual de Convivencia. Éste contiene todos los elementos necesarios para que nuestras actividades sean fructíferas y agradables.
• Evitemos involucrarnos en actividades que pongan en riesgo nuestra imagen personal y por ende la institucional.
Existen muchas otras formas que nos gustaría conocer y compartir.
Esperamos sus comentarios y aportes para seguir avanzando y afianzando nuestra identidad y sentido de pertenencia. Así podremos con orgullo y alegría decir: ¡EL COLEGIO SOY YO!

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